The end....

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Todo tiene un inicio y un final...
Así como al día le llega su noche...
como el perro persigue al gato...
Todo tiempo a su tiempo,
y todo tiene su momento....


Sin mas rodeos..
este post es para despedirme..
no digo que nunca mas volveré a escribir aquí, porque no puedo descartar algún ataque hormonal que me obligue volver a venir a desparramar lágrimas al ritmo del tecleteo en alguna noche de insomnio...

No podía irme sin agradecer a todos los que compartieron conmigo durante mas de un año este espacio, ayudandome a hacerlo crecer con sus comentarios, con sus visitas, con su presencia....

Aquí permanecerán, para quien quiera leerlas, mis historias, mis cuentos, anécdotas, poemas,
mi vida en letras...
mi muy querido, Corazón de nuez!

Un fuerte abrazo..
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especial para el momento de la despedida!


La tradición del Conejo de Pascua.

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El Domingo de Resurrección los católicos celebran con alegría a Jesús que ha vencido a la muerte. Una de las tradiciones que esperan con especial devoción los más pequeños son los huevitos de chocolate, que esconde en el hogar el anunciado Conejito de Pascua.

Con huevos decorados, pintados con alegres colores, adornados y embellecidos; o con conejos de dulce o chocolate, se celebra masivamente el Domingo de Resurrección. Y es que el huevo es el símbolo universal en las celebraciones de Semana Santa. La tradición indica que los huevos son símbolo de vida y Jesús con su resurrección nos trae una nueva vida: la promesa y la oportunidad de la vida eterna.

Antes de que los huevos llegaran a entrelazarse cercanamente con la Semana Santa de los Cristianos, fueron honrados durante muchos ritos de festivales primaverales. Los romanos, galos, chinos, egipcios y persas utilizaron los huevos como un símbolo universal de fertilidad, alegría y regocijo.

Muchos son los posibles orígenes del conocido intercambio de huevos de chocolate el día de Pascua. Algunas historias se remontan a la Edad Media, cuando la Semana Santa era tiempo de pagar los censos, y este pago se hacía el domingo de Pascua y con huevos.

También existen registros de los siglos XVII y XVIII en las que el día de Pascua en Francia se le ofrecía al monarca cestas cargadas de huevos decorados artísticamente, como símbolo del nacimiento de una nueva vida que representa la resurrección de Cristo.

Pero desde los comienzos de la humanidad, el huevo ha sido sinónimo de fertilidad, esperanza y renacimiento. El huevo adquirió importancia dentro de la mitología egipcia cuando el Ave Fénix se quemó en su nido y volvió a renacer más tarde a partir del huevo que lo había creado en un principio. Los hindúes, por su parte, sostenían que el mundo había nacido de un huevo.

Los huevos de pascua en la antigüedad eran de gallina y de pato, y en la Edad Media se les regalaban a los niños durante esta celebración. Más tarde, los cristianos comenzaron a obsequiarse huevos durante la Semana Santa con regalos y al principio del siglo XIX, en Alemania, Italia y Francia, aparecieron los primeros huevos hechos con chocolate con pequeños regalos adentro.


Las diversas culturas fueron decorando de manera diferente los huevos. En sus comienzos, eran pintados a mano con colores que representaban la luz del Sol.

Los huevos se hacían uno a uno con un molde prefabricado, lo que dificultaba mucho su elaboración masiva. Los colores más llamativos fueron apareciendo con las grandes producciones de huevos, por los años 20 y 30 del siglo pasado.
¿Y el conejito?


El conejo de Pascua es quien trae los huevitos de chocolate. Esta leyenda comenzó hace muchos años y se ha masificado de tal forma, que ya a principios de marzo los supermercados y tiendas están adornados con grandes stands de huevitos de Pascua.

El conejo de Pascua no es un invento moderno. Tiene su origen en las celebraciones anglo-sajonas pre-cristianas. El conejo, un animal muy fértil, era el símbolo terrenal de la diosa Eastre, a quien se le dedicaba el mes de abril.

Como símbolo de Pascua, este animal parece tener sus orígenes en Alemania donde es mencionado por primera vez en unos textos del siglo XVI. Los primeros conejos comestibles se fabricaron en Alemania en el siglo XIX de pastelería y azúcar.

El conejo de Pascua fue introducido en Estados Unidos por los inmigrantes alemanes que llegaron al Pennsylvania Dutch Country durante el siglo XVIII. La llegada del “Oschter Haws” se consideraba uno de los grandes placeres de la infancia, equivalente a una visita del Viejo Pascuero en Nochebuena. Los niños creían que si se portaban bien, el “Oschter Haws” pondría huevos de colores.

Los niños construían nidos en lugares apartados o escondidos de la casa, el granero o el jardín, para que pusiera sus huevos el conejito. Más tarde empezaría la tradición de construir elaboradas cestas para poner los huevos.

Sin embargo, existe otra leyenda. Ésta cuenta la historia de una mujer que pintaba huevos para sus hijos en la Pascua. Una vez decidió esconderlos en el jardín en distintos nidos. Cuando los niños encontraron los huevos, un conejo saltó del nido. Entonces, ellos pensaron que el conejo les había traído los huevos y así comenzó la historia.

Sea o no verdad esta historia, los huevos, en todas las culturas, han representado el nacimiento de la nueva vida, la alegría, el renacer. De ahí que se adecúan perfectamente al sentido que este día tiene para los católicos.


Por la noche se viene otra tradición de Pascua de Resurrección... El dolor de estomago producto de tanto chocolate!!
Que tengan un hermoso día.
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