Yo tenía 17 años, estaba en el último año del colegio.
Recuerdo que era el primer lunes de mayo, y estábamos en la clase de matemáticas del “viejo Gastón”, quien orgullosamente se auto nombraba “el profesor más odiado del colegio”, cuando nos avisaron que se suspenderían las clases así que salvarnos de la tortura de los logaritmos nos caía del cielo.
Sor Ximena fue clara… Había caído un aluvión en el sector de La Florida y todo Santiago estaba colapsado. -Todas deben irse directo a sus casas...- Dijo ella con voz fuerte y clara, olvidando que nosotras estábamos en 4º medio y creíamos que el mundo estaba a nuestros pies. Así la voz de Sor Ximena se disolvió rápidamente en el aire, y sin pensarlo dos veces, con varias compañeras nos fuimos a la aventura a presentarnos como voluntarias en la catástrofe…
Como las clases se suspendieron toda esa semana, mis padres accedieron para asumir la experiencia del voluntariado y me fui mochila en mano a vivir al albergue…
Tanto barro, tristeza, heridos y el frío hizo que casi todas mis compañeras desertaran… Sólo quedamos Carola y yo, trabajando como voluntarias en el albergue Bellavista. Ayudábamos en la atención de los heridos, a repartir las colaciones, a cuidar niños, en realidad ayudábamos en lo que fuera necesario…
Recuerdo que fueron días demasiado intensos, demasiadas emociones. Ya llevaba dos noches sin dormir y casi 20 horas de trabajo diario, cuando nos dijeron que por fin venían refuerzos. Ellos eran voluntarios de Santiago centro y desde ese momento se quedarían en el albergue trabajando codo a codo con nosotras.
Me asome por el balcón para dar la bienvenida a los recién llegados, cuando lo vi la primera vez. Quedé sin habla... Desde ese primer segundo lo supe, sin entender cómo me había enamorado… Por primera vez…
La certeza de estar viviendo el fenómeno del “amor a primera vista” me había dejado completamente congelada; ni siquiera pestañaba. Carola fue quien tuvo que sacarme del trance y me dijo que bajáramos a saludar.
Corriendo por la escalera, me encontré con él de frente. Al mirarlo a los ojos algo pasó entre nosotros, aún ahora tantos años después, no se cómo explicarlo y si lo intentara, de seguro no lo entenderían. Los dos nos miramos y nos sonreímos. En ese segundo se conjuró un hechizo de amor y fue en ese momento cuando entendí a qué llaman los flechazos de Cupido…
*Soy Hugo…* Dijo mientras no dejaba de mirarme a los ojos, tan paralizado como yo.
Mi nombre tuvo que decirlo Carola, yo con suerte podía respirar...





Hola San! primeramente deseo de todo corazon que te recuperes totalmente... ¡animo!
ResponderSuprimirsegundo: no se vale!
cuantos capitulos van a ser?
no importa! gracias por confiarnos uno de tus secretos
=D
pucha pucha ya empezamos de nuevo con los continuara no podisss ser asi
ResponderSuprimirun abrazoo
si yo intentara bajar corriendo las escaleras luego de tener un flechazo, creo que caería*
ResponderSuprimirbesosdulces*